Existe un antes y un después. Mipasado se difumina volviéndose cada vez más borroso. Aparecen algunas lagunas que la sequíaha transformado enminúsculoscharcos.
En estos momentos elpresente pesa tanto que roza lo insoportable. Cae en bloque, pesado, opaco y falto de luminosidad.
El futuro no consigo verlo. Me disgustó y lo borré.
De esta forma tan afilada consigo plasmar con palabras el momento actual. Estoy detenida, en espera, escuchando un sonido de alarma dentro de mi cerebro que me indica que debo huir, saltar a otro instante, buscar otra situación, otro segundo que me ofrezca un remedio. Añoro un escenario apropiado a quien en realidad soy.
No puedo seguir aquí y sin embargo mis pies ya no se mueven. He olvidado caminar y los senderos que dibujé a lápiz frente a mí se han ido desgastando con el paso del tiempo por no utilizarlos.
Ahora son finas líneas discontinuas imposibles de recorrer sin perderse.
Mi mirada se ha quedado estancada en una hoja en blanco.
Imagino un paisaje remoto, paradisíaco, donde quizá mis sueños estén escondidos aguardando un dueño diestro que los convierta en realidad.
De repente lleno una brillante maleta con mis proyectos y de nuevo saboreo el movimiento.
Mis pies cobran vida.
Me propongo emprender un viaje, al país de los sueños, tantas veces mencionado en los cuentos de mi infancia, y que había olvidado por completo.
Noto el aire en mi piel.
Los diferentes senderos que se abrían ante mí se perfilan, se vuelven más firmes dotando a mis pies de la estabilidad que requiere un viaje de tanta envergadura.
De nuevo siento deseos de afilar los lápices de colores.
Veo una casa gris que permanece sin vida en el papel y añado a la chimenea un poco de leña. Decoro la ventana con unas cortinas de cuadros entreabiertas por las que asoma un gato, y coloreo la fachada con un tono marrón rojizo simulando el adobe.
Entonces camino durante días sin detenerme.
La suela de mis babuchas cada vez se desgasta más y losdedos de mi mano han enrojecido por el peso de la maleta que no me atrevo a abrir.
Me siento a los pies de un árbol que me resulta familiar.
Recuerdo esas enormes manzanas rojas que solían flotar entre las ramas y me quedo dormida formando parte de aquella ilustración de mi niñez que representaba mi forma de ver el mundo.
Al cabo de varios días el despertador suena.
Intento abrazarme al árbol para sentir su fortaleza pero solo encuentro una vieja almohada mojada con mi sudor, o quizá fueron lágrimas, y un par de zapatos de tacón sin usar, en el suelo.
Miro la vieja mochila remendada que permanece desde hace meses sobre el sillón repleta de obligaciones y olvido la maleta de los sueños.
Mi mirada recorre el cuarto y bostezo.
Me levanto y ahora sí que duermo, apoyada en lo que finge ser madurez, como cada día.
Cada movimiento de mis pies desnudos dibuja seductoras formas en la duna, mientras una fuerte lluvia de ideas, desordena mi melena y me obliga a caminar a ciegas.
La música bereber pone banda sonora a mi cuento imaginario y me abriga en esta noche de insomnio y locura.
La chilaba azul indigo se desliza por mi piel hasta posarse con delicadeza en la arena.
Desnuda, permito que el aire frío y nocturno barra mi cuerpo olvidando lo anterior, poseída por un intenso presente que se resbala entre mis finos dedos en busca del siguiente instante.
Permanece el sabor del recuerdo, las especias en mis labios, la libertad infinita, la luz de unos ojos negros y la fantasía del travieso viento al que espero cada noche.
Puse brillo en mi mirada, cepillé mis cabellos, maquillé mis labios y esperé el momento de la celebración permitiendo que misnervios me hicieran cosquillas.
Durante noches visualicé el momento. Encontré el sitio adecuado, elegí septiembre, busqué el día exacto y te invité.
No conseguí que el viento dejara en paz mi peinado. Mi perfume no se convirtió en placer, mi sonrisa se arrugó y qué decir de mis ojos inundados por las lágrimas.
Quizá si la próxima vez eliges tú el momento consiga convertirte en funámbulo yque camines a mi lado, sin miedo, por lacuerda temblorosa de mi vida.
Puede que esta noche cierre la puerta a los sueños y duerma sin más.
Hoy te regalo mi lado de la cama y te presto mi corazón para que lo guardes bajo la almohada hasta mi vuelta.
Este blog es mi cuarto. Aquí me acomodo, me libero, escribo, grito, lloro...
Escribir es una necesidad; mi forma de viajar cuando debo estar quieta. Mis cuentos me permiten derribar barreras y fabricar mis propias alas.
unahabitacionpropia@gmail.com